Julián desembarcó con el corazón martilleando en su pecho. Allí, miles de libros antiguos convivían con dispositivos electrónicos de todas las épocas. Un hombre de barba blanca y ojos cansados lo esperaba con una lámpara de aceite.

Con gusto. Como no tengo acceso al archivo ".epub" que mencionas, he redactado una historia original inspirada en ese título evocador (), con una atmósfera de misterio y nostalgia. La Bahía de los Ecos

—Has tardado en llegar, Julián —dijo el hombre—. El archivo que descargaste era una invitación, no una lectura.

—Es el lugar donde las historias que el mundo olvida vienen a refugiarse. Aquí, el tiempo no corre; solo fluye la memoria.

— “Donde el agua se vuelve mercurio y el viento deja de soplar, gira el timón hacia el sur, aunque la vista diga que solo hay roca” — leyó en voz alta.

Esa noche, Julián comprendió que no volvería a Puerto Calma. Abrió su dispositivo por última vez, borró el archivo para que nadie más pudiera seguir su rastro y se sentó a escribir el primer capítulo de su nueva vida en la bahía de los ecos.